Cosmética nociva: los siete tóxicos ocultos en tus productos de higiene y belleza

laiol cosmetica natural

Décadas después de haber superado y establecido nuestras necesidades de higiene diaria, la industria cosmética juega a seducir a los consumidores a través de aspectos estéticos y sensoriales, con productos cada vez más sofisticados que, sin embargo, no garantizan resultados mejores. Y, en ocasiones, hasta pueden ser perjudiciales para la salud de la piel.

Aromas y sabores deseados e imposibles, texturas innovadoras y apetecibles, envases-joya… Son los factores que nos llevan habitualmente a la elección de un cosmético sobre otro. Son los componentes, en realidad, la característica del producto a la que más deberíamos atender, ya que algunos son tóxicos para nuestro organismo.

No se trata de casos puntuales, algunas sustancias tóxicas son más comunes de lo que deberían en las composiciones de artículos cosméticos. Aquí te mostramos los que deberías reconocer en las etiquetas para esquivarlos:

Sulfatos, detergente irritante para la piel: estos conocidos tensioactivos sintéticos (y todos los terminados en sulphate) los encontramos principalmente en productos de cuidado diario, como el champú o el gel de baño, por el elevado poder de limpieza que tiene sobre la piel. Su potente acción disuelve la suciedad y los aceites naturales que crea nuestra piel de forma natural como barrera protectora contra los agentes externos. “La elevada concentración de sulfatos en un producto de uso diario y su uso continuado puede generar problemas de irritación y tirantez en la piel, sequedad o incluso caída de cabello”.

Siliconas, se acumulan en el cabello: actúan como hidratantes, emolientes y selladores de cutícula. Las encontramos tanto en champú como en gel de baño y su principal función es la de crear una capa sobre el cabello o la piel evitando que esté en contacto con el exterior. El problema de las siliconas es que la mayoría son insolubles al agua, por lo que se suelen acumular sobre el cabello y la piel, impidiendo que respiren y desempeñen sus funciones con normalidad. Como resultado, las siliconas tienden a acumularse en forma de residuos en cada lavado. A la larga provoca que el cabello se ensucie con mayor facilidad y genera una dependencia al uso de champús que a su vez deterioran las fibras capilares y el cuero cabelludo.

Perfumes sintéticos, mejor sin perfumes o con perfumes naturales: ese aroma agradable que nos atrae de primeras en la mayoría de cosméticos es debido a los perfumes que contienen. Podemos encontrarlos en cremas faciales, en productos capilares y también en desodorantes. La mayoría son perfumes sintéticos que podrás reconocer en el INCI con la palabra “parfum” y “fragance”. Cuando se trata de un perfume sintético convencional, la palabra parfum es un cajón desastre, donde podemos encontrar innumerables compuestos tóxicos, además de varios ingredientes de origen animal, como los almizcles o el ámbar gris.

Ftalatos y tolueno. Se pueden encontrar en la cosmética convencional en el esmalte de uñas o en los perfumes y actúan como fijadores, disolventes y suavizantes. Estas sustancias entran en contacto con la piel por la vía respiratoria, pasando a la sangre y generando un efecto tóxico ligado a los trastornos hormonales. El tolueno es un disolvente transparente que facilita la aplicación del esmalte; es irritante a los ojos y puede provocar fatiga y dolores de cabeza.

Sales de aluminio, presente en desodorantes. El aluminio es el tóxico por excelencia en desodorantes. Se trata del antitranspirante artificial que tapona las glándulas sudoríparas consiguiendo así reducir la cantidad de sudor. ¿Sabías que el olor del sudor lo generan las bacterias presentes en las axilas a través del metabolismo de éste? Las sales de aluminio tienen la capacidad de penetrar en la piel favoreciendo la proliferación de enfermedades degenerativas. El cáncer de mama también se ha vinculado a la toxicidad del aluminio.

Parafina, falsos hidratantes para la piel: comúnmente utilizadas en la elaboración de cremas corporales, son las encargadas de lograr una piel aparentemente hidratada mediante su textura cremosa. Suelen emplearse en sustitución a los aceites vegetales y lo hacen extrayendo la humedad de la piel, taponando los poros e impidiendo que la piel respire de forma natural. Con el paso del tiempo las parafinas acaban resecando la piel y propiciando la aparición de acné e irritaciones. En caso de su uso en pintalabios, podemos llegar a ingerirlas y éstas se almacenan en riñones e hígado. La rápida absorción en contacto con la piel y el bajo coste de la materia prima son las principales razones por las que su uso es muy común en productos de belleza.

Ingredientes con chloro, bromo, iodo, conservantes a evitar. En cosmética, para evitar el deterioro de los productos, alargar la vida útil de éstos y protegerlos de los agentes contaminantes externos se suelen emplear conservantes. Muchos de ellos son tóxicos para el sistema inmunitario y los causantes de un gran número de reacciones alérgicas, irritaciones y despigmentación de la piel. Desde Freshly Cosmetics, recomiendan “evitar ingredientes que contengan las palabras “chloro”, “bromo”, “iodo”, y sustancias tóxicas como el BHA o el ácido bórico, conocidos conservantes de amplio espectro. Los conservantes naturales o sintéticos como el sodium levulinate, sodium anisate, benzyl alcohol, el sodium benzoate y el potassium sorbate están aceptados por las certificadoras de cosmética natural”.

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